Azaghar y la palabra (backstage de una noticia desapercibida)
-I-
En Azaghar estaban contentos de recibirnos porque tenían fe en la palabra.
Desembarcamos allí un sábado por la mañana, periodistas extranjeros, con nuestras cámaras y nuestras preguntas. Eso nunca es de fiar.
Pero ellos no es que confiaran en nosotros: es que confiaban en la palabra.
Nos contaban su historia con los ojos encendidos. Todo el mundo se reunió en la escuela y expuso su versión. Cada parte. Luego, las mujeres nos cogían de la mano para meternos en las casas y contarnos también.
Ellos tenían un problema. Nosotros, pinta de poder ayudar.
Sólo contándolo.

Tenemos la teoría, sabemos los conceptos, pero se me ocurre que son estas pequeñas historias las que nos dan las verdaderas razones para decir que no a los así son las cosas.
Con una mirada tan firme como la de tres pequeñas mujeres que conocí allí.


Nadie se va a enterar.

Pero el mundo de detrás de las montañas les está pisando los talones. Les trae su tablero, sus reglas.

Ellos pasan los veranos en el bosque desde el tiempo en que el primero de los antepasados era niño. El convenio dice que va a proteger el bosque.
Ellos sólo pueden sobrevivir si se entienden con los animales, con los árboles. El convenio dice que va a sensibilizarles de la importancia de cuidar el medio ambiente.
Ellos tienen tierras de pasto. El convenio dice que se van a cultivar de plantas de forraje.
Ellos bajan al mercado una vez por semana para cambiar ovejas por lo que sea necesario. En sus casas no hay nada superfluo. El convenio dice que va a hacer esas tierras rentables.
Ellos hablan bereber. El convenio está en árabe.
Pero igual el mayor problema de desfase lingüístico no es ése.
Ellos dicen mi casa, mis antepasados, donde voy a ir, estos son mis hijos, pasa, ven, gracias por haber venido.
El convenio dice atriplex, rendimiento, superficie forestal, hectáreas, empleo, firmad aquí.

Pero nosotros, con nuestras preguntas y nuestras cámaras, sabemos lo que ocupa una historia así, pequeña, local, sola, lejos, que no ocurre en el Sahara ni en Kabul ni ha muerto nadie. Sabemos lo que ocupa una historia así en el mundo-Internet, en el mundo-deprisa, en el mundo-ciudad, en el mundo-lejos. Sabemos cuánto tarda en leerse. Cuánto pensamiento ocupa. Cuánto tarda en olvidarse.
Cómo no lo vamos a saber: también nosotros leemos mil periódicos a diario.

Y nosotros, que sólo tenemos la palabra, nos subimos al coche.

Sobre esta entrada
Estás leyendo “Azaghar y la palabra (backstage de una noticia desapercibida),”, publicado en tres pies del gato
- Autor:
- el gato
- Fecha:
- 01.30.10 / 7pm







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