Una escena amiga de una novela rara
De ultramar me traje uno de los libros más raros que he leído nunca. Y -quizá también raramente- sus esquinas me están acompañando mucho, entre juicio y juicio, para no perder el juicio ;)
ETERNA Y DULCE-PERSONA
(Tiempo para esta escena: el de abrirse una flor)
En todo el tiempo de esta novela, único tiempo de existencia artística y única existencia de ésta, de Eterna y Dulce-Persona, sólo pudo conocer Eterna de Dulce-Persona el rosado de sus mejillas, y Dulce-Persona de Eterna -de ventana a ventana y con la luz de la tarde- los ojos y cabello negro y pálida frente; y en el silencio campesino y por la noche, sus voces, preciosas ambas y muy diferentes hablando Eterna a Presidente no visible éste, hablando Dulce-Persona a Quizagenio puestos a la ventana.
Después de esto, y fue todo lo que conocieron una de otra, cierto día y una sola y breve vez estúvose la Eterna contemplando en sus manos dos rosas, de desigual tamaño, una blanca, otra roja, que había entresacado de una gran canasta de flores, pasando de una a otra la mirada, comparando; anudólas luego y las colocó en un vaso para el presidente; mas luego las desató y dejó para él sólo la blanca.
¿Celos? ¿Que amara a ambas? ¿Y, en fin, que sólo a Eterna?
Así también cierta mañana ensayó Dulce-Persona el peinado de trenzas, que nunca usaba, como el de la Eterna, y al fin lo deshizo y volvió al suyo diciéndose con admiración generosa: “sólo en ella quedan bien, aunque tiene 39 años y yo 19. Que la ame, y a mí me acaricie la cabeza solamente, pero siempre”.
Nunca se vieron segunda vez ni supieron esto que se acaba de recordar.
[Macedonio Fernández, “Museo de la novela de la Eterna (Primera novela buena)”]
Sobre esta entrada
Estás leyendo “Una escena amiga de una novela rara,”, publicado en tres pies del gato
- Autor:
- el gato
- Fecha:
- 11.17.09 / 12am
- Categoría:
- Entre líneas

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