Azaghar y la palabra (backstage de una noticia desapercibida)
-I-
En Azaghar estaban contentos de recibirnos porque tenían fe en la palabra.
Desembarcamos allí un sábado por la mañana, periodistas extranjeros, con nuestras cámaras y nuestras preguntas. Eso nunca es de fiar.
Pero ellos no es que confiaran en nosotros: es que confiaban en la palabra.
Nos contaban su historia con los ojos encendidos. Todo el mundo se reunió en la escuela y expuso su versión. Cada parte. Luego, las mujeres nos cogían de la mano para meternos en las casas y contarnos también.
Ellos tenían un problema. Nosotros, pinta de poder ayudar.
Sólo contándolo.

Eco y elixir
Perdonen que no escriba demasiado. Pasan muchas cosas por aquí, pero estar en ellas es cansado, y cuando llego a casa no tengo demasiadas ganas de teclear.
Pronto, pronto.
Por ahora, lo que sí hago es leer. Mi concienzuda investigación en busca de poetas marroquís que me saquen el alma de sus casillas no da demasiados frutos por ahora (mi teoría es que no lo hará mientras tenga que reducirme a los que escriben en -o son traducidos al- francés). Sí encontré una revista, “Electron libre“, que se dedica a una curiosa selección, entomológica casi, de autores de acá y allá. Me llevé los tres números que había.
A mitad del primero, ya van varios coup de foudre.
Por ahora, aquí os dejo uno, el que más he releído. (Y aquí la versión original en inglés [que, como me temía, acabó por gustarme menos que la traducción al francés en que lo había descubierto en la revista. Qué le vamos a hacer.])
